ARTICULOS

DE STONEHENGE AL PINIQUE NEGRO
Federico Marull
 

Aún cuando pareciera que todo se ha dicho o escrito acerca de la historia del Sello de Correos, me permitiré presentar un breve resumen de los antecedentes que llevaron a la creación del primer sello en Inglaterra en 1840. Para muchos pudiera parecer extraño, o al menos causar cierta sorpresa, que recién en el siglo XIX, los sellos o estampillas hayan hecho su aparición en el servicio postal. Sin embargo, al respecto cabe hacer una precisión: el servicio postal con estampillas efectivamente data y se desarrolla en el mundo desde mediados del siglo XIX, pero el origen del correo como empresa oficial reglamentada y utilizada por el público, debe situarse mucho antes, un siglo después del descubrimiento de América, a fines del siglo XVI.

Se afirma con razón que la necesidad crear el órgano. Por ello nació el sello de correos, para mejorar y facilitar las comunicaciones postales. Así también ha ocurrido desde la prehistoria. En efecto, la necesidad de comunicarse llevó a los primeros hombres del Neolítico, a la transmisión de mensajes a distancia, sea mediante el leguaje gesticular, sea empleando sonidos de tambores o señales de humo. Asimismo dejaron testimonios de su pensamiento, artes y creencias para la posteridad, al construir monumentales menhires y dólmenes, como el santuario megalítico de Stonehenge en Inglaterra, como también grabando pinturas en cavernas, (Lascaux, Niaux, Altamira) o dibujos gigantescos en piedras y desiertos ( petroglifos y geoglifos).

Milenios después el lenguaje escrito fue la herramienta fundamental que satisfizo la necesidad, cada más imperativa, de comunicarse. Con la aparición de la escritura en el extremo y cercano Oriente, que se materializó en signos ideográficos o silábicos y también carácter criptográfico, surgieron nuevos desafíos y soluciones. Así tenemos que en Egipto, año 3000 a. C. se crearon ideogramas denominados jeroglíficos (sólo descifrables en 1799 gracias al arqueólogo francés Jean François Champollion). Posteriormente en Caldea, antigua Babilonia, aparecieron los "cuneiformes", escritura en forma de cuña (triángulos de significación inicialmente sólo ideográfica). La célebre Estela del Rey Hammurabi, que contiene las leyes antecesoras de la Ley semita del Talión (año 1950 antes de la era cristiana) constituye un conocido ejemplo de dicha escritura monumental, la cual puede admirarse en el Museo de Londres. Luego surgieron los fenicios con su alfabeto silábico del cual provienen los alfabetos de lenguas románicas, a través de los griegos. Pero en todos estos países de Oriente, cuna de la civilización occidental, cabe hacer presente que el envío de mensajes escritos estaba reservado solamente a los monarcas, a los faraones o altos funcionarios. Ellos mantenían un exclusivo servicio postal utilizando generalmente mensajeros que, en carruajes o a caballo los transportaban. Del mismo modo lo fue en Grecia y Roma. Así tenemos que durante el emperador romano Octavio Augusto (año I de la era cristiana), el servicio postal de mensajeros montados, tenia reglamentada la utilización de postas para cambio de cabalgaduras. Todos los caminos y amplias avenidas del imperio conducían a Roma.

Existía asimismo un expedito tráfico postal marítimo, entre los diferentes puertos del Mediterráneo. Pero en el siglo V el "Mare Nostrum" dejó de serlo debido a la invasión de los bárbaros, y principalmente con la irrupción del Islam en Hispania y las Galias a comienzos del siglo VIII. Por estas causas las comunicaciones en los primeros siglos de la Edad Media fueron difíciles y peligrosas en toda Europa en formación, aún cuando los señores feudales, monasterios y universidades se las ingeniaron para mantener correos especiales, tales como los heraldos "mandaderos" de los soberanos de Castilla y Aragón. Centurias más tarde, al irse conformando progresivamente las entidades nacionales, y unificándose territorios bajo el imperio de Carlomagno y sus descendientes, (siglos VIII y IX), las comunicaciones devinieron más seguras en Europa central y occidental, pese a la porfiada y agresiva presencia de los árabes en la península ibérica. Las extendidas vías terrestres romanas volvieron a ser utilizadas por los correos, como también los puertos en gran parte del Mediterráneo, con el surgimiento de Venecia y los reiterados esfuerzos de los Cruzados para reconquistar los Santos Lugares. (Siglos XI y XII).

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Chile Última actualización Septiembre 19, 2013