ARTICULOS

FILATELIA / Radiografía de una afición:
LAS ESTAMPILLAS no son una especie en peligro de extinción; los coleccionistas sí
por Richard García, Publicado en "El Mercurio" de Santiago
sección E, Artes y Letras, Sociedad, pag. E8 y E9, Domingo 19 de Agosto del 2007
 
Cada vez se mandan menos cartas manuscritas, pero ningún país ha anunciado que dejará de emitir sellos postales. Hay una razón de peso: los filatélicos, quienes siguen atesorando estos papelitos de colores. Pero preocupa la falta de aficionados entre las generaciones más jóvenes. La Sociedad Filatélica de Chile acaba de presentar un nuevo y completísimo "Catálogo Especializado", que recorre en detalle los sellos nacionales emitidos entre 1853 y 2006.
 

 

Pese a las empresas de correspondencia privada y al email, los sellos de correos se resisten a morir.

Los salva el hecho de que exista la filatelia, que se nutre de ellos. Las oficinas postales, que por cierto ganan dinero por ello, mantienen sus emisiones habituales, e incluso algunas las multiplicaron.

Como nunca antes las posibilidades de intercambio y comercio de estampillas son más favorables a nivel mundial. A través de internet es posible mantener contacto fluido con otros coleccionistas. Éstos ya son legión en potencias emergentes como China e India y están ávidos por recibir sellos de países lejanos. Y en eBay, las transacciones filatélicas alcanzan varias decenas de miles de dólares.

Lejos de la idea de que el coleccionismo de sellos es un tema de anticuarios, países como EE.UU. y Japón están apostando en sus emisiones a temas pop como los personajes Disney, la Guerra de las Galaxias, Pokémon o Evangelion. Todo para enrolar coleccionistas de la nueva generación.

Éste es el bien más escaso. "Es un problema que tiene la filatelia mundial; no sólo la chilena", admite Ricardo Boizard, coleccionista desde 1958. "Es muy difícil atraer a la niñez y la juventud, por todas las entretenciones que compiten hoy", dice este corredor de propiedades, que además es director de la Sociedad Filatélica de Chile.

Biblioteca y club social

Este organismo, creado en 1889, es el eje del coleccionismo de sellos en Chile, ya que en su sede de calle Almirante Simpson de Santiago los filatélicos pueden intercambiar, estudiar y transar sus sellos. Sus sesiones de intercambio, los sábados desde las 11 horas, están abiertas a todo el mundo.

Actualmente cuenta con poco más de 300 socios. Lo preside Thomas Kannegiesser, empresario naviero que ahora que jubiló se dedica todos los días a cultivar su pasión y administrar la institución desde la gran biblioteca del segundo piso.

En sus estanterías se leen los nombres Yvert et Tellier, Mitchell, Scott o Stanley Gibbons. Son los más conocidos catálogos filatélicos del planeta, y casi no les falta ninguna edición. "Es la biblioteca filatélica más completa de América Latina", destaca Boizard, quien colecciona sellos extranjeros que aluden a Chile.

Sagradamente, los socios más fieles se reúnen todos los martes a almorzar desde 1975. La mesa es frugal y el tema variado, porque los sellos son la excusa para juntarse. Sólo está prohibido hablar de política y de religión.

En tiempos del régimen militar la frecuentaba el almirante José Toribio Merino. Connotado coleccionista y comensal, tenía una colección de sellos chilenos muy completa, con especial énfasis en los de 1910-1915, en que aparecía Bernardo O'Higgins y sus decenas de variedades. Además, se especializó en Brasil y en el Reino Unido. Cuando falleció, sus sellos quedaron en manos de la familia.

También se sentaron alguna vez en la mesa el Supremo Rafael Retamal y el puzzlista Donato Torechio. Kannegiesser recuerda con nostalgia que otrora también frecuentaban la sede embajadores, ministros y políticos. Hoy parece que ninguno junta sellos. Buena parte de los presentes supera las seis décadas. Es inevitable pensar si la institución se mantendrá viva en 30 o 40 años más. Martín Urrutia, otro director, tranquiliza. "Tenemos un grupo de jóvenes profesionales miembros con buenas colecciones".

Tradición cincuentenaria

Una edad avanzada no extingue la pasión. Uno de sus más connotados socios, Derek Bauer (Derek Palmer)*, murió a los 101 años (94 años)*, y hasta los últimos días de su vida concurría a las reuniones de la sociedad y frecuentaba la filatelia El Penique Negro (llamada así por el primer sello emitido en el mundo, de un penique y de color negro).

Este local arrinconado en el laberíntico pasaje Edwards tiene más de 50 años de tradición. Lo administran Sergio Heise y su esposa Rossy, quienes acusan la baja de clientes: "Hay muy poca renovación de coleccionistas. A la gente joven no le interesa, y los pocos niños que llegan lo hacen porque el papá o el tío fueron coleccionistas y les compran sellos para incentivarlos", dice Heise.

No duran mucho. "Empiezan como a los 7 o 9 años, y siguen juntando sellos más o menos hasta los 15. Después lo abandonan, salvo unos pocos, que retoman la afición después de salir de la universidad", diagnostica Rossy.

En otros países, como Estados Unidos, Alemania o España, la merma de coleccionistas existe, pero se ha notado menos. Tienen más habitantes.

Recado para Merino

Pese a la menor cantidad de demanda, ningún país ha dejado de emitir sellos. Incluso algunos abusan. Rossy critica a países como Estados Unidos (supera las 100 al año), "que sacan un sello hasta al huevo cuadrado", dice. Chile no es especulativo con los sellos que emite. Al contrario, se ha ido al otro extremo, y en 2004 apenas emitió 10 sellos diferentes. Los filatélicos reclamaron, y Correos acusó recibo.

Ambos no sólo son comerciantes, sino que además coleccionistas; e incluso han sugerido temáticas para las emisiones a Correos.

Rossy cuenta que aprovechando que el almirante Merino era filatélico, en plena tensión con Argentina, en 1978, le sugirió que el gobierno emitiera sellos conmemorando la jornada mundial de la paz. Merino acogió la idea, e incluso se repitió al año siguiente.

El valor que puede alcanzar una estampilla después de salir de circulación es relativo. Los catálogos las tasan según la cantidad de sellos que fueron emitidos y también su valor facial. Un sello que fue caro cuando estaba en uso, rara vez bajará de precio.

A su local normalmente llegan a venderle colecciones. "En general son porquerías. El abuelo se la dejó a la familia, y piensan que es valiosa, pero muchas cosas no sirven para nada", dice con franqueza. De todas formas les da una mirada, y compra los ejemplares que valgan 10 mil pesos o más.

A Heise no lo convence el comercio a través de subastas de Internet. "Sé de casos de gente que ha devuelto los sellos que ha comprado porque son falsos o los pintaron o retocaron".

El sello chileno más caro es uno de 1 centavo, de la serie del Centenario de la Independencia. El detalle es que por un error de impresión salió con el centro invertido. El año pasado alcanzó en una subasta de la Sociedad Filatélica un valor de más de 25 millones de pesos. No lo compró un coleccionista, sino que otro comerciante, y se lo llevó al extranjero.

Hay otros que son muy baratos, especialmente los emitidos entre 1970 y 1973. Nuevos valen 20 pesos, y menos. Rossy cuenta que Correos llegó a tener una habitación entera con pliegos de esas series, porque quería especular con ellos en el futuro, pero no les resultó. Los comerciantes y la Sociedad no han escatimado intentos para estimular la afición. La última fue una exposición efectuada en 2004 en la estación de metro Baquedano, que contó con una alta concurrencia. "Invitamos a los estudiantes y los hicimos votar por las colecciones más llamativas", cuenta Kannegiesser. Ganó la de Federico Marull, con su colección sobre la belleza en la filatelia. Los prefirieron, porque son sellos bonitos, sin pretensión temática. Porque temas para coleccionar hay de sobra. Lo que falta son coleccionistas.

En internet Sociedad Filatélica:

www.sociedadfilatelica.cl

Chile Collector: www.chilecollector.com

Dónde conseguir sellos

Aparte del "Penique Negro" (en el pasaje Edwards), en el centro de Santiago hay filatelias en el antiguo pasaje del hotel Libertador, que comunica Alameda con Estado, y en el pasaje Metropolitano (Alameda entre Tenderini y Mac Iver). En Providencia existe una en la primera cuadra de Pedro de Valdivia y otras dos en el edificio Dos Providencias. Hay también varios locales en el persa Bio-Bío, los anticuarios de calle Estado, y también se pueden encontrar en la plaza OHiggins de Valparaíso los fines de semana. Los sellos nacionales se pueden comprar en las oficinas filatélicas de Correos, donde también es posible suscribirse para recibirlas por correspondencia, pero demoran en llegar.

¿Cómo empezar una colección?

Una colección puede abarcar las emisiones históricas de un país (todas o a partir de años específicos, como el centenario del primer sello) o temas (animales, flores, el espacio, la malaria, etc.). Sergio Heise recomienda elegir un país afín con su historia familiar, pero nunca abarcar todos.

También se puede coleccionar un ejemplar, un cuadro (cuatro sellos), hasta el pliego. Y si no fueran suficientes las opciones, hay quienes optan por coleccionar los matasellos (timbres). Thomas Kannegieser atesora una colección nacional que incluye salitreras como Pampa Unión y remotas oficinas postales.

Existen clasificadores, que son como cuadernos con bandas transparentes y semiherméticas en los que se colocan los sellos.

Antes se empleaban bisagras (papel engomado tenuemente) para los sellos usados. Cada vez se emplean menos. Y por ningún motivo hay que emplear cinta adhesiva. Algunas son muy aceitosas y traspasan los sellos dejándolos inutilizados. "Mucha gente pensó que era lo mejor para pegar los sellos, pero al usarlo perdieron toda su inversión". Y todos los intentos por sacar la mancha que traspasa los sellos mediante el uso de solventes han terminado con el ejemplar arruinado.

Hasta hace unos veinte o treinta años, la mejor forma de hacerse de una colección era pedir a los familiares que les guardaran los sobres que venían con estampillas. Con un buen número de sellos acumulados, el ritual siguiente era recortar un cuadrado alrededor del sello (sin dañar los dientes) y sumergirlo en agua tibia. Pero hoy algunos sellos pegados en cartas que valen mucho más que desprendidos.

Un sello roto o al que le faltan dientes no sirve. Salvo si es muy escaso.

El flamante catálogo

Uno de los más recientes orgullos de la Sociedad Filatélica de Chile es su nuevo "Catálogo Especializado Chile 2006". A todo color y en encuadernación de lujo, compendia todos los sellos emitidos en el país desde 1853 hasta el año pasado. La reproducción de cada ejemplar viene acompañada con una descripción detallada que incluye las variedades del mismo sello, dolor de cabeza de algunos coleccionistas.

Aparece el precio catálogo del sello nuevo (llamado mint), con bisagra, usado y pegado en sobre. Aparte de las emisiones corrientes trae información sobre las marcas postales usadas entre 1840 y 1853, lo que se conoce como prefilatelia. Los estudiosos de la Guerra del Pacífico valorarán el capítulo dedicado a la correspondencia durante la conflagración, que contiene reproducciones de los timbres empleados por los batallones y de los sellos peruanos sobrecargados con el escudo chileno, que se emplearon durante la ocupación.

También reseña los Sobres Primer Día (emitidos al salir un sello a circulación), las Hojas Block (hojas conmemorativas con sellos incluidos en el diseño), y hasta las despreciadas etiquetas autoadhesivas. Cuesta $48 mil (Socios 40 mil), en la Sociedad Filatélica (Almirante Simpson 75, Providencia).

()* = correcciones del editor de la web
volver VOLVER HOME
free counters Flag Counter iniciado el día 4 de febrero 2012
Stamp Collecting Topsite
Chile Última actualización Febrero 19, 2014