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ARCHIPIELAGO JUAN FERNANDEZ
por Federico Marull B.

Continuando con el propósito de elaborar un Atlas Geo-Filatélico, en el presente artículo nos referiremos al Archipiélago de Juan Fernández, ubicado a más de 600 kilómetros de las costas de la Quinta Región, a la latitud del puerto de San Antonio e  integrado por las islas de  Robinson Crusoe (anteriormente denominada Isla de Mas a Tierra), Alejandro Selkirk (Isla de Mas Afuera) y el islote de Santa Clara. Estas denominaciones de las dos islas, dadas en razón a la cercanía o lejanía del continente, fueron cambiadas a las actuales de Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk en 1966. La superficie del archipiélago es de 147 kms. cuadrados, con una población actual de 800 habitantes, siendo su poblado más importante el puerto de San Juan Bautista.

 

 

Primeros Sellos sobre el Archipiélago

Se comenzaron a emitir, con sobrecargas relativas al Archipiélago, desde comienzos del pasado siglo XX. Los primeros aparecieron cuando aún sólo se imprimían sellos con la efigie o busto de Colón. Nos referimos a cinco estampillas de la denominada Serie del Peso Bronce de 1904, las que se emitieron en 1909 con la Sobrecarga “ISLAS DE MAS AFUERA” en color negro. Ellas fueron: la de Un centavo color verde, de Dos centavos color rosa, de Tres centavos color castaño claro, de Cinco centavos color azul y la de Diez centavos de colores gris y negro. Al año siguiente, en 1910, se editaron Once sellos de los conmemorativos del Primer Centenario de la Independencia Nacional, con la misma sobrecarga “Islas de Más Afuera”.

Además, en este mismo año del Centenario, se emitieron otros Cuatro sellos de la Serie Peso de Bronce, pero con la Sobrecarga “ISLAS DE JUAN FERNANDEZ”. Tres de ellos fueron recargados además con nuevos valores de franqueo: el de Doce centavos, carmín y negro con sobrecarga “5” de color azul; uno de $ 1, verde gris, con sobrecarga de 10 centavos y otro de $ 1, verde gris, con sobrecarga de 20 centavos, ambas de color rojo A ellos se agregó el de el de $ 1, verde gris, con sobrecarga color rojo, pero sin valor. En 1968 se emitió un sello color rosa granate, de 30 centavos, en el cual se representa en forma alegórica a Robinson Crusoe, con un antiguo fusil, mirando hacia el horizonte.

El  descubrimiento del archipiélago

La Historia nos enseña que el descubridor del Archipiélago fue el marino español Juan Fernández Sotomayor. Como Maestre de la nave que hacía la ruta entre los puertos de Callao y Valparaíso, en su intento de evitar la Corriente Chile-Perú, o Corriente de Humboldt, que en dirección norte producía problemas en la navegación e importantes retrasos, Juan Fernández, al partir del Callao, se desvió hacia el sur-oeste hasta la longitud 80ºW, descubriendo el 22 de noviembre de 1574, a 33º40’ de latitud sur, el archipiélago que lleva su nombre. Cabe anotar que Juan Fernández, cuando desembarcó en la isla mayor, la había bautizado Santa Cecilia, por coincidir con el día de su descubrimiento. También designó a una pequeña isla rocosa como Santa Clara, denominación que se mantuvo desde entonces.

El hallazgo del archipiélago, y de esta nueva ruta de navegación, resultó de gran importancia para el comercio y las comunicaciones entre Perú y Chile durante el período colonial, pues los viajes de los veleros desde Callao a Valparaíso, que antes tardaban más de tres o cuatro meses, se redujeron a un mes o cuarenta días, al evitar las demoras producidas por la Corriente de Humboldt.

Otro importante aporte geográfico de este abnegado piloto, además del probable primer descubrimiento europeo de la isla norte de Nueva Zelandia en 1576, (según lo afirma el historiador José Toribio Medina), fue lo ocurrido durante su travesía al desviarse hacia el oeste, evitando la Corriente de Humboldt. Este fue el hallazgo de dos pequeñas islas, el 6 de noviembre de 1574, a las que Juan Fernández  denominó  SAN FELIX y SAN AMBROSIO, situadas en el meridiano 80º W y en el paralelo 25º 15 ‘ de latitud sur a más de 700 kilómetros al oeste de Chañaral en la Tercera Región. Sin embargo, cabe señalar que estas dos islas, ya habían sido reconocidas en diciembre de 1520, o en enero de 1521, por la expedición de Hernando de Magallanes, (Fernao de Magalhaes), las que en esa oportunidad fueron denominadas como las “Islas Desventuradas”, al descubrir el ilustre navegante que estaban deshabitadas y sin vegetación. Ello ocurrió al iniciar las naos de Magallanes el cruce del Océano Pacífico, luego de haber descubierto Chile, en su extremo austral, y el paso del Atlántico al Pacífico por el Estrecho que lleva su nombre, el cual habían denominado de Todos los Santos, en conmemoración a la fecha de su hallazgo, el 1 de noviembre de 1520.

Pero fueron los navegantes holandeses Willem Schouten y Jacob Le Maire, los que realmente  “pusieron en el mapa” al archipiélago Juan Fernández, años más tarde, a comienzos del siglo XVII.  En efecto, en Marzo de 1616, Schouten y Le Maire, luego de haber alcanzado el extremo austral del continente americano, al cual denominaron Cabo de Hornos, en recuerdo del puerto holandés de Hoorn, desembarcaron en  el archipiélago para reabastecerse de agua y víveres para su tripulación gravemente afectada por el escorbuto. Luego de algunos  días en Juan Fernández, continuaron su viaje por la Oceanía, descubriendo islas en Tuamotú, en Tonga (Niuafo’ou) y en Wallis y Futuna (Alofi). Poco después de su regreso a Holanda, Willem Schouten en 1619-1621 publicó un completo Relato del viaje, destacando su feliz estadía en el archipiélago y su estratégica ubicación, el cual alcanzó gran difusión e interés en Europa. Cabe señalar que las autoridades españolas, hasta ese entonces, habían mantenido absoluto secreto sobre la existencia del archipiélago Juan Fernández, para así evitar visitas de corsarios y flotas enemigas.

Bucaneros y corsarios

Como consecuencia de ello, al aparecer las islas en la cartografía del Pacífico, efectivamente sucedió que desde mediados del siglo XVII y durante todo el XVIII, el archipiélago Juan Fernández se convirtió en recalada y guarida de piratas, contrabandistas y corsarios de varias nacionalidades, como asimismo para ser utilizadas como bases para las flotas de ingleses y holandeses en guerra con España. Entre estas últimas debe señalarse el arribo de la denominada la Escuadra neerlandesa de Nassau, comandada por Jacob L’Hermite. Asimismo en 1680, el pirata Henry Morgan, llamado el “Rey de los Bucaneros”, permaneció dos semanas en el archipiélago, después de haber saqueado La Serena en el continente. Pocos años más tarde lo hicieron el corsario Edward Davis y el contrabandista John Strong, ambos ingleses

Alejandro Selkirk y Robinson Crusoe

A comienzos del siglo siguiente, ocurriría un hecho que traería como consecuencia la publicación de una novela de aventuras, la primera en su género y considerada una pieza literaria de fama mundial: ROBINSON CRUSOE, de Daniel Defoe. En el mes de octubre de 1704 arribó a Bahía Cumberland la nave inglesa “Cinque Ports” al mando del Capitán  John Stradling, en la cual venía como tercer oficial Alexander Selkirk (“Selcraig” su apellido original escocés). Haya sido por serias desavenencias con el capitán Stradling, o por su propia determinación, Alexander Selkirk decidió quedarse en la isla, conservando un fusil, algo de pólvora, un hacha, sus ropas y algunos utensilios.

Permaneció en ella durante cuatro años y cuatro meses, siendo rescatado en febrero de 1709 por el navío inglés “Duke”, comandado por el capitán Woodes Rogers, integrante de la escuadra del corsario William Dampier. Al regresar Selkirk a Inglaterra, su sufrida y extraordinaria experiencia se divulgó, llegando al conocimiento del escritor y periodista Daniel Defoe (1660-1731) quien, basado en los relatos de este díscolo “náufrago” escocés, algunos años después en 1719 escribió la célebre novela Robinson Crusoe. Algunos biógrafos afirman que Defoe habría conocido personalmente a Selkirk en Bristol en 1713 quien le había informado en detalle acerca de sus años de soledad en el archipiélago.

Solo excepcionalmente llegaron a Juan Fernández, durante todo el período colonial hispano, expedicionarios con otros fines que no fueran los de reabastecerse  para  continuar persiguiendo a los navíos españoles cargados de oro y mercaderías, o para atacar los indefensos puertos de las costas sudamericanas. Entre las excepciones se destacan la visita  en 1664 del sacerdote jesuita e  ilustre historiador, Padre Diego de Rosales, Provincial de la Compañía de Jesús, quien hizo un Retiro espiritual en el archipiélago y la llegada del navegante holandés Jacob Roggeween en 1721, sólo meses antes de su descubrimiento de Rapa Nui, o “Te Pito te Henua”(el ombligo del Mundo), isla que Roggeween denominó Ooster Pash Eyland (Isla de Pascua en holandés), por haber arribado  a ella  el  5 de abril de 1722, día de Pascua de Resurrección.

La Flota del Almirante Anson

Los corsarios prosiguieron recalando en el archipiélago Juan Fernández y a William Dampier y John Stradling (quien rescató a Selkirk) los sucedieron los ingleses John Clipperton en 1719 y George Shelrocke al año siguiente. Por otra parte, España e Inglaterra en 1738 nuevamente entraron en guerra, llegando en 1741 una flota de tres barcos, comandada por el Almirante George Anson, los cuales se apoderaron del archipiélago, permaneciendo allí más de tres meses, recuperándose su tripulación de  la difícil travesía realizada por el Cabo de Hornos. Desde Juan Fernández, como base de sus operaciones,  la flota de Anson, atacó las posesiones hispanas,  bloqueando Valparaíso, apoderándose del puerto de Paita, en la costa peruana, y capturando varias  naves españolas entre Panamá y el Callao.

Captura del galion español Nuestra Señora de Covadonga por la nave británica Centurion, comandada por George Anson, el 20 de junio de 1743.

A su regreso a Juan Fernández, el Almirante Anson reorganizó sus fuerzas en un solo barco, el buque insignia “Centurion”, zarpando hacia el Pacífico norte donde logró capturar al “Galeón de Manila”, navío que desde Filipinas  y China, cruzaba el océano hasta arribar a México (Nueva España). Con los botines obtenidos, en su largo viaje de circunnavegación del globo (1740-1744), el Almirante Anson llegó a acumular una considerable fortuna, siendo posteriormente designado Lord del Almirantazgo Británico.

Seriamente afectados por los frecuentes correrías, ataques y desembarcos de piratas y corsarios, quienes lo ocupaban como guarida, pero especialmente motivados por la estadía de la flota del Almirante Anson, las autoridades españolas decidieron en 1749 fortificar el indefenso archipiélago, cuya población permanente entonces llegaba solamente a 49 habitantes. Tomaron esta decisión, siguiendo las recomendaciones de los destacados marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes, como observadores científicos, habían visitado  las islas poco  después de Anson. Se construyó un fuerte denominado Santa Bárbara, artillado con poderosas baterías de cañones y emplazado en la Bahía de Cumberland, hecho que hizo disminuir considerablemente los ataques e incursiones de  bucaneros y contrabandistas. (El  fuerte se reconstruyó, con sus seis fortines de artillería en 1974, y declarado Monumento Histórico en 1979). En consecuencia ya desde fines del siglo XVIII, el archipiélago tuvo una existencia pacífica. En  adelante serviría de puerto base para los cazadores de ballenas, focas y lobos marinos, y asimismo como una colonia penal, pues en la Isla de Mas a Tierra (Robinson Crusoe) fue instalada una prisión.

Alfred von Rodt

Eran entonces muy pocos los interesados en radicarse y colonizar el distante archipiélago, con la honrosa  excepción de Alfred von Rodt, de origen suizo alemán, quien en 1877, arrendó Juan Fernández al gobierno chileno, siendo designado Delegado como autoridad civil de las islas, las que en ese entonces, según las  anotaciones del propio Rodt en su “Diario”, apenas  tenía 56 habitantes, 100 vacunos, 60 caballos y posiblemente 7.000 cabras bravías que habitan en los cerros. Alfred von Rodt, conocido como el Barón Rodt, realizó durante 28 años una labor extraordinaria, intentando impulsar el desarrollo económico del archipiélago. Sus esfuerzos e iniciativas alcanzaron inicialmente un relativo éxito, al lograr financiar y construir barcas para transportar productos de la isla al continente y asimismo de regreso proveer suministros para los isleños Este esforzado y  visionario colonizador, además de empresario naviero, agricultor y navegante, tuvo el mérito de haber iniciado, ya en esos años, la producción de langostas en conserva,  que llevaba a Valparaíso y Santiago En 1895 el Presidente  Jorge Montt declaró al archipiélago como Colonia, nombrando a Alfred von Rodt como Inspector de Colonización y en esa calidad, tuvo el honor de recibir dos años más tarde al Presidente Federico Errázuriz Echaurren, el primer mandatario en visitar las islas. Durante toda su vida en Juan Fernández, hasta su deceso en 1905, Rodt no escatimó esfuerzos, que incluyeron su fortuna personal y aportes recibidos de su familia en Suiza, para producir el despegue económico del archipiélago. La escritora uruguaya Blanca Luz Brum escribió un libro sobre el “Barón” von Rodt en 1953 con el título “El último Robinson”.

Aun cuando Rodt no logró ver cumplidos todos sus proyectos, él plantó una semilla que ha ido fructificando  al aumentar la explotación de los recursos marinos, las comunicaciones aéreas y una mayor preocupación de parte de las autoridades. Ello se ha evidenciado recién  en los últimos veinte años,  superando el aislamiento y el desinterés, los que  durante todo el siglo XIX y hasta mediados  del siglo pasado, impidieron y retrasaron  el desarrollo isleño. De allí que hasta hace poco el archipiélago Juan Fernández haya sido identificado, además de Robinson Crusoe,  como una lejana colonia penal, donde desde el general español Mariano Osorio, hasta los presidentes de Chile Pedro Montt y Carlos Ibáñez del Campo, enviaban a destierro y prisión a sus adversario políticos o a simples  presidiarios.

Los Patriotas desterrados

Al respecto nos permitimos  recordar que, justo un mes después del “Desastre de Rancagua”, al comenzar el período denominado la “Reconquista española” por orden del General Mariano Osorio, en noviembre de 1814 fueron embarcados en Valparaíso, en la nave “Sebastiana”  con destino a Juan Fernández, cuarenta y dos distinguidos patriotas calificados de insurgentes por los realistas y apresados por el capitán Vicente San Bruno. Los más connotados eran don Juan Antonio Rojas (uno de los “Tres Antonios” ); los juristas don Juan y Mariano Egaña y don Manuel de Salas; los integrantes de la Primera Junta Juan Enrique Rosales, José María Argomedo e Ignacio de la Carrera, (padre de don José Miguel); el ex Director Supremo durante “las campañas de Patria Vieja” don Francisco de la Lastra; los “juntistas” Agustín de Eyzaguirre, Diego Larraín, José Santiago Portales, (padre de don Diego Portales), Juan Antonio Ovalle, Pedro Prado, Martín Calvo Encalada, Francisco Antonio Pérez, Francisco Javier Videla, Isidro Errázuriz, los hermanos Pedro José y Juan Miguel Benavente, (de Concepción) y los presbíteros José Ignacio Cienfuegos y Joaquín Larraín, a los cuales  debe agregarse  don Manuel Blanco Encalada, quien fue apresado cuando pretendía huir hacia Mendoza. Hoy, en la isla Robinson Crusoe se pueden visitar las denominadas “Cuevas de los Patriotas”, que fueron su refugio-prisión, una de las cuales fue declarada Monumento Histórico en 1979.

Don Claudio Gay

 Bajo la administración chilena en el resto del siglo XIX no llegaron visitas de importancia, con la sola excepción de la realizada en 1832 por el notable investigador, botánico y naturalista CLAUDIO GAY MOURET (1800-1873), francés, nacionalizado chileno. Claudio Gay permaneció largo tiempo en el archipiélago con el objeto  de conocer y estudiar su  flora y fauna autóctona, para posteriormente  incluirla en su  importante  obra “Historia Física y Política  de Chile”, editada en Paris en 1848. En conmemoración  de los 100 años  de su publicación Correos de Chile  emitió una Colección de 25 sellos, en tres series de distinto color y valor (de color azul de  60 centavos, de color verde de $ 2,60 y de sellos aéreos, color rojo de $ 3 cada uno), con imágenes  de la flora y fauna chilena, todas dibujadas por este connotado científico. La única especie del archipiélago, que se incluyó en estas series de tres colores,  fue la Langosta de Juan Fernández.

La guerra contra la Confederación Perú-Boliviana

Otro hecho, casi desconocido, en la historia del archipiélago, lo constituyó el desembarco de barcos de guerra peruanos. En efecto, en noviembre de 1837, cinco años después de la partida  de Claudio Gay, los isleños recibieron una  breve pero inesperada visita. Tres naves peruanas durante cuatro días ocuparon  la Isla de Mas a Tierra (Robinson Crusoe). Este breve episodio sin mayores consecuencias, ocurrió durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, del Mariscal Andrés de Santa Cruz, a la cual Chile había declarado la guerra el 28 de diciembre de 1836.

El hundimiento del Crucero alemán “Dresden”

El hasta entonces casi olvidado y desatendido archipiélago sería escenario, a comienzos del pasado siglo XX, de un acontecimiento bélico que  sí alcanzó gran  notoriedad y difusión. Al año siguiente del inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1915,  el Crucero alemán SMS DRESDEN se refugió en la Bahía de Cumberland, intentando  eludir la persecución de tres barcos de guerra británicos, los cruceros Kent, Glasgow y Orama. Después de permanecer meses escondido, finalmente el Dresden fue descubierto y atacado por la flota inglesa. Para evitar que se apoderaran del crucero, por orden del Comandante Lüdecke su propia tripulación lo dinamitó y hundió en la bahía. Allí yace desde entonces, a 65 metros de profundidad. Asimismo, en el cementerio de San Juan Bautista, permanecen sepultados nueve marinos del malogrado crucero alemán. Uno de los pocos sobrevivientes fue el Teniente Wilhem Canaris, a quien le cupo un importante desempeño durante la Segunda Guerra Mundial, como Almirante y Jefe de la ABWEHR (Servicio de Contrainteligencia Alemana). En el año 2006, la campana del “Dresden”, después de trascurridos 91 años del hundimiento, pudo ser rescatada y enviada en préstamo a Alemania, donde es exhibida en el Museo Histórico Militar de la ciudad de  Dresden.

Dos recientes accidentes en el archipiélago Juan Fernández


Pero, ha sido en el siglo actual, cuando nuevamente nuestra atención y preocupación han debido  enfocarse hacia este hermoso archipiélago, donde se produjeron dos lamentables acontecimientos: los destrozos y víctimas producidos por “Tsunamis” en febrero de 2010 y la tragedia aérea ocurrida en septiembre de 2011.

Siendo las 3.34, hora de Chile, en la madrugada del 27 de febrero de 2010, la zona central-sur de nuestro país fue sacudida por un violento Terremoto que alcanzó 8.8 grados de magnitud. Aun cuando el sismo, como tal, casi pasó inadvertido en las islas, ellas fueron inundadas a continuación por olas gigantescas (Tsunamis)  de 15 metros de altura las que penetraron hasta tres kilómetros al interior, destruyendo viviendas costeras, diez víctimas fatales y seis desaparecidos. La población isleña no fue advertida oportunamente para ponerse a salvo de esta catástrofe. Han sido investigadas las responsabilidades por estas graves omisiones, debidas a posibles discordancias institucionales o a fallas técnicas en los sistemas de alarma.

Año y medio después, el 2 de septiembre de 2011, un avión de la Fuerza Aérea de Chile, CASA 212, luego de realizar un fallido intento de aterrizaje, se estrelló en el mar frente a la isla Robinson Crusoe, falleciendo sus tres tripulantes y los dieciocho pasajeros. Estos últimos integraban un equipo de prestigiosos profesionales, que se dirigían al archipiélago Juan Fernández para colaborar en la reconstrucción de los graves daños causados tras los Tsunamis. A la fecha, enero de 2011, se han logrado recuperar sólo quince de los  veintiún fallecidos en el impacto y continúa en curso una cabal investigación para determinar las causas de este tan lamentable accidente aéreo, en el cual perdieron la vida apreciados compatriotas, que se habían destacado en el ámbito nacional por sus valiosos, inteligentes y generosos  aportes a la comunidad.

La Filatelia y el Archipiélago

Nos habíamos referido anteriormente a los  primeros sellos de la Serie Peso Bronce y del Primer Centenario de la Independencia emitidos con las Sobrecargas “Islas de Juan Fernández” e “Isla de Mas Afuera”, como también al sello de 1968-1969 de 30 centavos, color rosa granate, con la figura de Robinson Crusoe.

Posteriormente se realizaron distintas y hermosas emisiones de sellos sobre el Archipiélago Juan Fernández, desde 1974 al 2001, los que han sido muy apreciados por su colorido y belleza, especialmente los conmemorativos dedicados a la fauna isleña autóctona. Entre los más importantes y excepcionales representantes de ésta, se destaca el PICAFLOR ROJO, una de las diez aves endémicas en peligro de extinción en Chile, pues solamente quedan 400 de ellas. Su mayor característica es su excepcional capacidad de suspenderse en el vuelo. El macho es de un color rojo ladrillo y la hembra de color verde brillante. El Picaflor Rojo junto a la LANGOSTA DE JUAN FERNANDEZ son los que más han aparecido en los sellos (Emisiones de 1974,1987, 2000 y 2001). Respecto a los mamíferos, la Cabra salvaje es el más abundante y representativo de las islas, aun cuando  la especie fue introducida por los primeros navegantes españoles. Existe tan sólo un sello de ésta, emitido en 1974.Por otra parte, la tan conocida Langosta de Juan Fernández, crustáceo que habita en fondos rocosos y cuevas marinas, constituye todavía el tradicional y principal  recurso económico del archipiélago. En las últimas décadas ha existido una sobreexplotación de este crustáceo, pese a la existencia  de limitaciones y regulaciones. Asimismo están reglamentadas las capturas de la Jaiba Corredora y del Cangrejo Dorado. Este último habita  en abundancia en las profundidades del mar costero.

En la isla Alejandro Selkirk, en 1935 el gobierno designó y estableció el “Parque Nacional de Juan Fernández” como una reserva natural, con una extensión de casi diez mil hectáreas, el cual fue declarado Reserva Mundial de la Biosfera en 1977. Sin embargo esta valiosa reserva y habitat donde viven tan apreciadas y excepcionales especies isleñas, ha carecido de protección permanente, habiendo sido muy  escasas las medidas para preservarlas. Ello explica la causa  por qué, en 1985, haya sido calificado como uno de los doce Parques Nacionales  más amenazados de todo el planeta.

Series  Conmemorativas y de Flora y Fauna

Dos de las especies más abundantes, la Cabra salvaje y la Langosta, junto a un Mapa del Archipiélago y una Palmera “Chonta” aparecen en los cuatro sellos emitidos el día 22 de noviembre de 1974, en colores azul y castaño anaranjado, de Eº 200 cada uno, con motivo del Cuarto Centenario del Descubrimiento del Archipiélago. Pero debemos destacar en forma especial la hermosa serie conmemorativa de ocho sellos emitida en febrero del 2000 por haberse cumplido en noviembre del año anterior, 425 años del Descubrimiento realizado por Juan Fernández. Estos últimos fueron editados en cuatricromía, impresión Offset de dos pliegos a todo color, con cuatro sellos cada uno, y de un valor facial de $ 360, los cuales componen una sola imagen. En ella se aprecian un  mapa físico, un paisaje de la bahía, además de la Langosta y el Picaflor Rojo.

Otros sellos, editados para promover el conocimiento de la flora y fauna autóctonas chilenas, fueron los de 1984, bajo el título “Animales en peligro de extinción”, entre los cuales figura el denominado Lobo fino de dos pelos del archipiélago. Se trata de un sello de color naranja y castaño claro, con valor de $ 9, que representa  a dos lobos finos de dos pelos, especie autóctona que solamente habita en Juan Fernández y en las islas de San Félix y San Ambrosio.

 

Luego, en 1987, se emitió un pliego de dieciséis sellos, con igual número de especies de nuestra Flora y Fauna, de un valor de $ 25, cada uno, multicolores, que incluyen tres del archipiélago: la Langosta, el Picaflor rojo y un Helecho  arbóreo, todos del habitat natural de Juan Fernández.

 
 

Cuatro años más tarde en 1991, apareció la Serie “Flora y Fauna Marina”, emitiéndose un pliego también de dieciséis sellos, de $ 50 cada uno. En ella se reconocen dos crustáceos del archipiélago, la Jaiba Mora y el Camarón de Roca. En el presente siglo en el 2001 fue emitido un pliego multicolor de cuatro sellos, “Aves Chilenas”, en uno de los cuales se observa al Picaflor Rojo y su pareja.

Finalmente en esta lista de emisiones sobre Juan Fernández  debemos también mencionar un bonito sello multicolor, de 1981, con un valor de $3.50 de la serie “Chile turístico un país para soñar”, donde se aprecia una foto de un paisaje de la isla Robinson Crusoe (Puerto Inglés).

 

Sellos que podrían ser emitidos.

 

Respecto a la cantidad de sellos alusivos al Archipiélago de Juan Fernández, debe advertirse que ella ha sido mucho menor que los emitidos sobre Isla de Pascua. Aun cuando existen notables diferencias entre ambas posesiones insulares que lo explican y justifican, nos permitimos sugerir a CorreosChile la emisión de un sello con la efigie del Descubridor del Archipiélago, el ilustre Piloto y Maestre español Juan Fernández Sotomayor, nacido en Cartagena, España en 1528 y fallecido en Quillota en 1599. También a futuro podría considerarse la emisión de sellos conmemorativos de hechos de importancia histórica, ocurridos en el archipiélago, tales como la reclusión de destacados patriotas en 1814, la construcción del Fuerte Santa Bárbara, el hundimiento del “Dresden”, el colonizador Alfredo de Rodt, además del excepcional náufrago Alejandro Selkirk, cuya odisea bien merecería ser recordada con un sello. No debemos olvidar que “Filatelia es Cultura”, un importante medio universal para resaltar acontecimientos y valores trascendentes.

Bibliografía

- Vicuña  Mackenna, Benjamín, 1883
“Historia verdadera de la Isla de Robinson Crusoe”. Obra reeditada por Ediciones Universitarias.  Valparaíso, 1974

-Barros Arana, Diego
“Historia general de Chile”.  Editorial Universitaria, Santiago, 2005

-Arana  Patricio M.
“La Isla de Robinson Crusoe” .Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Valparaíso, 2010

-“Filatelia Chile- Catálogo Especializado Chile 2006”. Sociedad Filatélica de Chile.  Santiago 2006

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